¿Qué son y qué problemas pueden ocasionar los piojos de la cabeza?

Los piojos de la cabeza son pequeños insectos que viven sólo en la cabeza. No transmiten ninguna enfermedad. La única complicación posible es la infección de la piel por rascado. Hay otros dos tipos de piojos que pueden infectarnos: los piojos del cuerpo (que viven en la ropa y pueden contagiar alguna enfermedad infecciosa grave) y los que viven en el pubis (llamados ladillas, que se contagian generalmente por contacto sexual).

Otros animales tienen también piojos, pero no suelen afectar a las personas. Todos los piojos se alimentan de sangre, que obtienen picando varias veces al día.

La picadura es indolora, pero el paciente desarrolla alergia a la saliva del parásito y esto produce picor de intensidad variable, que puede comenzar días o semanas después de la infestación. Las picaduras a veces pueden verse como pequeños granitos rojizos en el cuero cabelludo o en la nuca.

¿Cómo es su ciclo vital?

La hembra llega a adulta en unas 2 semanas y vive otras 3 ó 4, durante las que puede poner varios huevos diarios (llamados liendres). La liendre mide aproximadamente 1 mm, tiene forma ovoidea y es de color blanquecino (Figura 1).

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Imagen 1. Liendres muy abundantes, vistas con lupa                   Imagen 2. Piojos de diverso tamaño

A diferencia de la caspa que se desprende con facilidad, la liendre está fuertemente adherida. Para desprenderla hay que cogerla entre la uña y la yema de los dedos y tirar de ella hacia arriba del pelo. Las ponen muy cerca de la piel porque necesitan calor para incubarse.

El piojo nace más o menos a los 9 días, pero la cáscara de la liendre seguirá pegada. Considerando el crecimiento del pelo, las liendres localizadas a más de 1 cm. de la piel suelen estar vacías.

El piojo recién nacido (llamado ninfa) mide casi 1 mm. Los piojos adultos llegan a 3 ó 4 mm, y tienen un color pardo más oscuro que las ninfas (Figura 2).

¿Cómo se contagian?

Los piojos no vuelan ni saltan, pero trepan bastante rápido por el pelo y pueden pasar de una cabeza a otra si hay un contacto directo (“pelo con pelo”). Algunos niños tienen piojos con más facilidad que otros. Aunque en teoría es posible, es poco probable el contagio por contacto de la cabeza con tejidos (toallas, reposacabezas, sábanas, gorros) u objetos (peines, horquillas) con algún piojo vivo o liendre viable.

¿Cómo se diagnostican?

Los piojos son difíciles de ver porque suelen estar cerca del cuero cabelludo, son pequeños, tienen un color parecido al del pelo y en muchos casos habitan cabelleras abundantes.

Si tras una inspección meticulosa y con buena luz no se ve ninguno, la forma ideal de encontrarlos es mojar el pelo con crema suavizante (lo que les impide moverse) y pasar un peine de púas bien juntas o una lendrera (que es un peine diseñado para este fin) (Figura 3). Si el pelo es largo y abundante, antes de pasar la lendrera será necesario desenredarlo con un cepillo. Se debe peinar de la raíz a las puntas, limpiando el peine con un papel o trapo blanco en el que miraremos si sale algún piojo. Si tras peinar meticulosamente toda la cabeza no sale ninguno es muy poco probable que los tenga. En general se extraen 5 a 10 piojos de diverso tamaño. Los grandes se ven sin dificultad, pero para diferenciar los pequeños, generalmente se requiere una lupa.

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 Imagen 3. Piojos de diverso tamaño, tras pasar varias veces un peine de púas finas

Una forma menos fiable de diagnóstico es buscar liendres. Para ello, también se necesita buena luz y buena vista (o una lupa). Si hay liendres es seguro que hubo piojos. Si las liendres están cerca del cuero cabelludo y hay picor seguramente es porque sigue habiendo piojos vivos, pero no es del todo seguro ya que el picor puede deberse a los granitos de picotazos antiguos o a pequeñas heridas por rascado.

¿Cómo se tratan los menores de 2 años?

Se puede cortar el pelo (cuanto más corto mejor) y eliminar los piojos y liendres a mano. Si no quiere cortarle el pelo, compre una lendrera y crema suavizante y pásela, tal como hemos descrito antes, cada 3 días, hasta que en 3 peinados sucesivos no saque ningún piojo.

Entre peinado y peinado quite a mano todas las liendres que vea. Si no consigue erradicarlos así, se podría usar un insecticida llamado permetrina, pero sólo en mayores de 2 meses.

¿Cómo se tratan los mayores de 2 años?

Puede seguir los consejos previos, o bien usar un insecticida, o ambos tratamientos a la vez. Dentro de los insecticidas, el mejor estudiado es la permetrina. Hay varios preparados con permetrina en champú, gel, etc. a concentraciones próximas al 1%, que son las usadas para los piojos.

Siga las instrucciones del fabricante, que suelen ser estas: lave el pelo con un champú sin acondicionador, seque un poco con una toalla y, aún algo húmedo, aplique el producto extendiéndolo bien (se extiende muy bien pasando un peine). Tras 10 a 20 minutos pase una lendrera. Si es eficaz, los piojos recuperados estarán inmóviles. Aclare con agua abundante, sin champú (salvo que sea especial para piojos) y seque al aire o con toalla (sin secador de aire caliente).

1. Si los piojos recuperados no se mueven, ¿es necesario hacer algo más?

Hace años la permetrina era tan eficaz que la respuesta sería que no. Sin embargo, hoy en día y según zonas, algunos niños vuelven a tener piojos vivos pocos días después. Hay varias medidas que podrían aumentar la eficacia de la primera aplicación de permetrina:

  • Repetir una segunda aplicación aproximadamente a los 9 días.

  • Quitar a mano las liendres próximas al cuero cabelludo. La permetrina, incluso habiendo matado a todos los piojos, deja vivos a los embriones de un 20 o 30% de las liendres.

  • Seguir pasando la lendrera a intervalos de 3 días. Para que corra mejor se puede mojar el pelo con agua, pero no con acondicionador.

  • No lavar el pelo con champú que contenga acondicionador, ni usar acondicionador hasta la segunda aplicación depermetrina, ya que ésta impregna el pelo y deja un efecto residual varios días, que se podría perder con el uso posterior de acondicionadores.

2. ¿Qué hacer si los piojos recuperados salen vivos?

Hay varias opciones:

  • Repetir permetrina al día siguiente, pero dejándola actuar unas 8 horas (en vez de los 10 a 20 minutos que suele aconsejar el fabricante).

  • En vez de permetrina, aplicar otro insecticida llamado malatiónMalatión es más eficaz, pero también más tóxico. Se deja actuar 10 a 20 minutos. No se repite una segunda aplicación a los 9 días a no ser que haya evidencia de piojos vivos.

  • Seguir un tratamiento sin insecticidas:

    • La dimeticona, un derivado de la silicona, es segura y razonablemente eficaz. Impide que respiren y los inmoviliza. Requiere una segunda aplicación a los 9 días.

    • Pasar la lendrera con crema suavizante a intervalos de 3 días y quitar liendres a mano hasta que en tres peinados sucesivos no se recoja ningún piojo. Normalmente se requieren 5 peinados (2 semanas)

¿Hay insecticidas naturales?

Permetrina es un insecticida sintético que se elaboró a partir de un grupo de insecticidas naturales de la flor del crisantemo, llamados piretrinas. Las piretrinas tienen una eficacia aceptable frente a los piojos vivos, pero claramente menor que permetrina frente a los embriones del interior de las liendres. Para mejorar este defecto se suelen asociar a otras sustancias que se llaman “sinergizantes”. También existen otros insecticidas naturales distintos de las piretrinas, pero no hay tanta experiencia sobre su eficacia y toxicidad.

¿Cómo prevenir el contagio?

El riesgo de contagio es menor recogiendo el pelo si es largo (coletas, moños), o tapándolo (pañuelos). El pelo corto no sólo previene del contagio, sino que facilita mucho cualquier tratamiento. No se deben compartir cepillos o peines, gorros o cintas de pelo.

Hay sustancias repelentes, pero su eficacia por ahora no ha sido bien demostrada. Nunca se debe aplicar un insecticida como repelente o preventivo, porque puede ser tóxico.

Cuando hay varios casos en una clase o familia se debe revisar a todos cada 2 ó 3 días. Sobre todo al inicio de la infestación, puede que no se rasquen. No se debe tratar salvo evidencia de piojos vivos o al menos de picor y liendres muy cerca del cuero cabelludo.

Otras medidas como lavar a 60º las toallas, gorros, sábanas, cubre almohadas, etc., así como aspirar telas en contacto con la cabeza que no sean lavables y guardar objetos no lavables en una bolsa de plástico durante 2 semanas (tiempo de vida de una liendre), se pueden llevar a cabo, pero no de forma obsesiva porque seguramente son innecesarias

http://www.familiaysalud.es/nos-preocupa-que/piojos-de-la-cabeza

CONTROL DE ESFÍNTERES Y RETIRADA DEL PAÑAL

Información general

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La mayoría de los niños suelen estar preparados para controlar esfínteres entre los 2 y los 3 años. Es el momento de quitar el pañal.

Sin embargo, se trata de una edad orientativa, pues en el control de esfínteres interviene de forma decisiva la madurez del pequeño, al igual que sucede en otros procesos clave del desarrollo infantil, como hablar o caminar. Por tanto, no se debe adelantar ni forzar la retirada del pañal, sino seguir el ritmo de cada uno.

El niño controla en primer lugar el esfínter anal. Así, deja de defecar en el pañal por la noche. Posteriormente, tampoco se hará caca encima de día. Tras este paso viene el control vesical (de la vesícula) y comenzará a controlar la orina de día. El último paso es el control vesical de noche.

El control de la caca suele obtenerse hacia los dos años y el del pipí diurno, un poco más tarde. Así, es totalmente normal conseguirlo cerca de los tres años.

Es frecuente que haya que mantener el pañal nocturno hasta pasados los tres años. De hecho, suele haber escapes ocasionales hasta los cinco años. Una vez superada esa edad, y si el niño sigue haciéndose pipí de noche todos los días, convendría consultarlo con el pediatra por si hubiera un problema de enuresis nocturna.

Pautas para quitar el pañal

Para quitar el pañal a un niño se pueden seguir los siguientes consejos:

Observar si está preparado. No precipitarse. El control de esfínteres no se puede forzar. De la misma manera que no se obliga a un niño a andar, no se le puede exigir que deje el pañal cuando el adulto quiere que lo haga. Es importante observar el grado de madurez del pequeño y decidir si está preparado para entender ese proceso y todo lo que conlleva.

Hacer que él participe. La retirada del pañal suele coincidir con una etapa de intensa afirmación personal del niño. Son los denominados “terribles dos años”. Por ello conviene que él sea un aliado más en el proceso. Si lo entiende como algo impuesto, su tendencia oposicionista, propia de la edad, puede dar al traste con la retirada del pañal. Se le puede preguntar si quiere dejar el pañal, si ya es mayor para quitárselo, y observar cuáles son sus reacciones: si está colaborativo o no, si se opone o le parece un reto…

Elegir un momento familiar adecuado. La mayoría de los padres suelen retirar el pañal en el verano de los dos años. Hay varias razones: el buen tiempo favorece la situación y en los colegios se suele exigir que el niño controle esfínteres al incorporarse en septiembre. Además, con las vacaciones los padres disponen de más tiempo para estar con su hijo y atender su evolución con el pañal. Hay que tener en cuenta también que en caso de escapes es más fácil cambiar la muda cuando hay poca ropa. No obstante, a pesar de estas ventajas, el verano no tiene por qué ser la única época de referencia para quitar el pañal. Si el niño está preparado en otra estación, hay que atender a su demanda y posiblemente el proceso sea muy rápido.

Premiar sus logros y no castigar sus retrocesos. La mejor manera de conseguir que el niño deje el pañal en un tiempo razonable es lo que los psicólogos llaman el “refuerzo positivo”. Se trata de premiar sus logros, en lugar de castigarlo o reprenderlo cuando no lo consiga.

Dejar que imiten al adulto. Ver a sus padres en el baño puede estimular el interés de los niños por usar el retrete. Muchos bebés tienen miedo a ese nuevo objeto de dimensiones muy grandes para ellos. E incluso muestran rechazo a desprenderse, al tirar de la cisterna, de algo suyo (sus fluidos corporales). Conviene estar atentos a esta posibilidad por si el niño se niega a sentarse en el WC. En lugar de obligarlo que esté sentado durante horas hasta que haga pipí, se puede aprovechar la visita regular del adulto al baño para ponerlo a él también.

Darle tiempo para aceptar las nuevas rutinas. Muchos niños logran el control de esfínteres rápidamente. Sin embargo, otros lo consiguen en varios meses. No hay que impacientarse. El bebé necesita tiempo también para aceptar los nuevos espacios y lugares donde orinará o defecará. En la medida de lo posible, es beneficioso que él participe en la elección de su orinal o de su adaptador para el WC.

Ser constante. Es importante mantener las mismas pautas cuando se inicia el proceso de retirada de pañal. Si, aleatoriamente, en unas ocasiones se le pone pañal y en otras no, el bebé acabará confundiéndose, pues no tendrá claro a qué atenerse. No obstante, la constancia no ha de significar inflexibilidad. Si en un determinado momento, se entiende, por la evolución del niño, que es mejor volver al pañal, no sucede nada. Es preferible dejarlo para unos meses más adelante que forzar la situación.

Pipí sí, pero caca no. En ocasiones, los niños se niegan a hacer caca en el orinal o el WC. No se trata de falta de control de esfínteres, pues ellos reconocen el estímulo defecatorio, pero prefieren hacérselo encima o en un pañal. Es relativamente frecuente y se suele resolver por sí mismo en un tiempo. Para ir consiguiendo que el niño acepte defecar en el retrete, es bueno llevarlo al baño, aunque sea una vez iniciado el proceso, para acabar allí. No hay que dramatizar la situación para no darle importancia delante del pequeño.

Los retrocesos

Las regresiones en el proceso de retirada del pañal son muy frecuentes. Cualquier cambio importante en la rutina del niño (el nacimiento de un hermano, la entrada en el colegio, un cambio de casa…) puede hacer que vuelva a hacerse pipí o caca encima cuando ya controlaba esfínteres. Es un mecanismo de adaptación.

Lo normal es que en unos 15 días todo vuelva a la normalidad. Si no es así, puede consultarse con el pediatra por si se tratara de otro problema. Si sucede algún retroceso de este tipo, no hay que regañar al niño, sino mostrar su confianza en que todo volverá a ser como antes enseguida. En realidad, el pequeño no ha olvidado lo que ya sabía, así que es más fácil recuperar el control.

Fuentes

  • Manual de Diagnóstico y Terapéutica en Pediatría. Hospital Infantil La Paz
  • Sociedad de Pediatría de Asturias, Cantabria y Castilla y León
  • Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria
  • Onmeda Internacional

Juguetes recomendados según la edad del bebé

Los mejores juguetes para los niños según su edad

¿Tienes que comprar un regalo para un niño o una niña y no sabes qué regalarle? Según su edad y necesidad, te presentamos un listado de juguetes, clasificados entre los recomendados por edades y los poco recomendados, atendiendo a sus características, para que así resulte más fácil encontrar el juguete más adecuado para el bebé.

Los mejores juguetes recomendados

Juguetes para bebés de 0 a 1 año
– Juguetes que estimulen los sentidos: con colores, texturas y sonidos diferentes.
– Juguetes que estimulen el movimiento: fáciles de agarrar, estimuladores del gateo…
– Juguetes que estimulen la afectividad: peluches, muñequitos…

Juguetes para bebés de 1 a 2 años
– Juguetes que inviten a recorrer el espacio:andadores, corre-pasillos, módulos de goma-espuma…
– Juguetes que permitan relacionar hechos: de causa-efecto, golpear, lanzar, meter y sacar, apilar y hacer torres, experimentar con el agua y la tierra.
– Juguetes que estimulen la imitación de acciones simples: animales y muñecos pequeños, títeres, teléfono, coches…

Juguetes para niños de 2 a 6 años
– Juguetes para el aire libre: triciclo, pelotas, comba, cubos, palas, tamices…
– Para construir, encajar y mejorar su habilidad manual.
– Para imitar escenas familiares y profesionales: muñecos y complementos, cocinita, cacharritos, comercios, enseres de médico, etc.

Juguetes de 6 a 10 años
– Juguetes para el aire libre: patín, bicicleta, juegos de mesa y estrategia simple.
– Construcciones de diferentes tipos: ladrillos, varillas, tridimensionales, etc.
– Juguetes de experimentación e investigación del medio natural.
– Para imitar escenas fantásticas: espías, héroes de cómic, cine o televisión, etc.

Los juguetes poco recomendables

¿Cómo podemos reconocer aquellos juguetes que son poco recomendables para los niños? Poseen las siguientes características:

– Juguetes que no cumplen las normas de seguridad básicas: comprueba que lleva el sello de la CEE, que no se astillen, no desprendan colores, etc. y, en su caso, que indiquen “apto para menores de 36 meses”.
– Los que incitan directamente a la violencia, la práctica de hábitos poco saludables, la discriminación en razón de etnia, cultura, sexo, etc.
– Los que resultan poco prácticos: difíciles de guardar, necesitan recambio constante, la pérdida de una pieza los inutiliza, etc.
– Los inadecuados para niños a los que van destinados: no responde a sus intereses o gustos, a su edad, o a las posibilidades de juego que le ofrece el lugar en el que vive.

María López Matallana. Especialista en Juegos, Juguetes y Espacios lúdicos

http://www.guiainfantil.com/educacion/mejorespeores.htm

El bebé muerde: ¿qué hacer?

A los seis meses, el bebé puede empezar a morder, para poner a prueba sus primeros dientes. Pero, ¿qué hacer si el niño coge la mala costumbre de morder?

Durante los primeros dos años, el hecho de que el bebé o el niño muerda no se debe tanto a razones psicológicas como a un estadio normal de su desarrollo.
Los primeros mordiscos servirán para aliviar el malestar que provoca la salida de los dientes. Sin embargo, es posible que el bebé coja la mala costumbre de morder. ¿Cómo podemos corregirlo cuando es tan pequeño? Y ¿qué podemos hacer si este mal hábito perdura cuando crece?

Los padres no deben dejar que el niño muerda, sino que deben intervenir de manera firme para que el niño entienda, sin traumatizarle, que se trata de una cosa que no debe hacer.
Aunque hay que corregir esta actitud, es importante acabar con ciertos prejuicios. Los mordiscos del niño no son fruto de una mala educación ni tampoco es un síntoma de un comportamiento agresivo.

¿Cómo corregir al niño que muerde?Lo mejor es distraer al niño ofreciéndole una buena alternativa sobre la que concentrarse. A continuación, se le debe explicar que ese comportamiento no está bien. Para ello, es importantereprender al niño con un no firme y decidido y no reír o alabar este comportamiento. En todo momento conviene tener presente que a esta edad la capacidad de comprensión del niño es limitada.

http://www.mibebeyyo.com/bebes/crecimiento/crecimiento/bebe-muerde-526

 

 

¿Mordiscos a los 10 meses? Cómo experimenta el bebé

Cerca del año, el niño necesita experimentar con todo lo que le rodea y, a menudo, utiliza los mordiscos para conocer los objetos y las personas que están más cerca.

Los mordiscos del niño entre los 10 meses y el año no son preocupantes y tampoco son señal de un comportamiento agresivo o de mala educación.

A través de la boca y las mordeduras, el niño descubre el mundo que le rodea del mismo modo que lo hace con las manos, los juegos, el tacto o la vista.

Se trata de una actitud que perderá con el tiempo, pero, para ayudarle a que entienda que eso no lo debe hacer, es necesario dejarle claro que moder no es apropiado ni correcto.

Durante los primeros dos años, el hecho de que el bebé o el niño muerda no se debe tanto a razones psicológicas como a un estadio normal de su desarrollo.
Los primeros mordiscos servirán para aliviar el malestar que provoca la salida de los salida de los dientes. Sin embargo, es posible que el bebé coja la mala costumbre de morder. ¿Cómo podemos corregirlo cuando es tan pequeño? Y ¿qué podemos hacer si este mal hábito perdura cuando crece?Los padres no deben dejar que el niño muerda, sino que deben intervenir de manera firme para que el niño entienda, sin traumatizarle, que se trata de una cosa que no debe hacer.
Aunque hay que corregir esta actitud, es importante acabar con ciertos prejuicios. Los mordiscos del niño no son fruto de una mala educación ni tampoco es un síntoma de un comportamiento agresivo.

Por este motivo, es importante:

• Evitar quitarle importancia a los mordiscos y reír su comportamiento.

• Reprenderlo con un “no” autoritario y decidido

• Intentar entender las fases de cambios que el pequeño vive, sin ceder a sus caprichos.

http://www.mibebeyyo.com/bebes/crecimiento/9-12-meses/bebe-muerde-experimentar-534

 

Cómo quitarle la costumbre de morder

A partir de los dos años, el niño utiliza los mordiscos para expresar desacuerdo, malestar o nerviosismo. ¿Cómo podemos corregir esta actitud?

A los dos años, los “no” de mamá y papá deben ser más decididos y es importante explicar alniño por qué los mordiscos son un comportamiento erróneo, procurando entender que hay motivos que empujan a tu hijo a actuar así. Sobre todo, ahora que el niño ya empieza aentender más y mejor las explicaciones.

A menudo, actitudes aparentemente agresivas nacen del temor a afrontar las novedades y es suficiente con estar más cerca de los hijos, más atentos a sus necesidades, para obtener en poco tiempo óptimos resultados.

A veces, por el contrario, los mordiscos expresan cierta ansiedad, estrés o “necesidad de hacer”. En este caso, basta con dejar que el niño se desahogue en el parque, en la piscina o llevándole por la tarde a que haga actividades lúdicas que le cansen, para ver cómo en poco tiempo desaparece esta molesta actitud.

http://www.mibebeyyo.com/ninos/crecimiento/2-3-anos/nino-muerde-2-anos-536

Control de esfínteres
El control de esfínteres no se aprende. Se adquiere cuando el niño está maduro para ello. Caminar, hablar, comer, son funciones que se adquieren, cuando los niños están lo suficientemente maduros. Son adquisiciones paulatinas, lentas, que llevan mucho tiempo.

Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, lo cierto es que todos intentarán caminar alrededor del año, comer alrededor de los 6 meses, y controlar esfínteres entre los 2 1/2 y 3 años. No hay ningún apuro, puesto que la edad para comenzar a hacer todas estas cosas, no tiene relación alguna con el desempeño posterior en la vida adulta, y a nadie le van a preguntar en la universidad, a qué edad aprendió a caminar. Los adultos deberíamos preguntarnos qué nos pasa que estamos tan apurados por conseguir logros en nuestros hijos.

Al haber fijado como “normal” la edad de 2 años para el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.

Bien entrada la segunda mitad del segundo año de vida (o sea, después del año y medio), algunos bebés pueden empezar a darse cuenta cuando tienen sucio el pañal, e incluso a saber cuando “se lo están haciendo”. Este es un lento proceso que puede llevar alrededor de 2 años más, desembocando en el control de esfínteres.

Es frecuente escuchar a las mamás excusando a sus hijos que se lo hicieron encima, diciendo “estaba tan entretenido jugando, que se olvidó”, o preguntando millones de veces antes de salir de cada lugar, si quieren hacer pis, o limitando la ingesta de líquidos a la noche para que aguante sin mojar la cama. Cuando el control de esfínteres está adquirido, estas escenas son infrecuentes. A los adultos y a los niños mayores no nos ocurren estas cosas.

Esperar a que llegue el verano

Aprovechar el verano para quitar los pañales es una conveniencia de los adultos. Así aprovechamos con el niño de un año y medio, con el de 2, con el de 2 y medio indistintamente. Perseguimos entonces a los niños incansablemente preguntándoles si tienen ganas de hacer pis, les tocamos las ropas, los sentamos en el inodoro sin ganas, e invertimos preciosas horas en comunicarnos en este nueva escala de valores donde lo más importante, lo que pone feliz o triste a mamá, es “si me lo hice o no me lo hice”. Quizás el mito del verano nos haya sido heredado de la época de los pañales de tela, pero hoy en día, con los desechables, con lavadoras automáticas, no hay motivo alguno para apurar los procesos evolutivos de nuestros hijos. Algunos podrán controlar temporalmente esfínteres, cuando todos estamos de vacaciones, y tienen a mamá todo el día consigo, pero al comenzar las clases, las exigencias, las separaciones, vuelven a “retroceder”, dejando en claro que aún no pueden ocuparse de controlar esfínteres en situaciones donde están frágiles emocionalmente.

¿Qué nos pasa a nosotros?

Los adultos no hablamos entre nosotros de pises y cacas. La etapa de adquisición del control de esfínteres de nuestros hijos, nos enfrenta con muchas cosas que quizás nos cuesta ver: el placer de los niños al poder decidir casi por primera vez, si retienen su pis o su caca, y hacerlo donde y cuando lo desean; la delimitación de una zona de autonomía, de la cual quedamos excluidos. Es un espacio de poder, donde son ellos quienes deciden y les causa placer estrenar esta capacidad de hacerlo por sí mismos. Nos cambia radicalmente de lugar: aquí no podemos ordenar, ni forzar, ni apurar las cosas. Cada uno lo hace cuando quiere. Nos incomodan ciertos placeres de nuestros hijos… la succión, la masturbación (mi hijo no!!!, Jamás!!!!!) las conductas autoeróticas, y nos incomodan tanto que arremetemos contra ellos, en lugar de volver sobre nosotros mismos a ver qué nos pasa.

De día y de noche

El control nocturno merece un capítulo aparte. Aunque un niño controle esfínteres durante el día, pueden pasar aún muchos meses más hasta poder hacerlo por la noche. Usualmente se dice que luego de varias noches con el pañal seco, el bebé está listo para dormir sin él.

A la hora de pensar en esto, es importante tener en cuenta que:

El niño debe estar de acuerdo y saber exactamente qué está ocurriendo, qué se espera de él (“como hace varias noches que no mojas el pañal, ¿te gustaría probar dormir sin él? Te pondré un plástico debajo de la sábana para que no te preocupes si te haces pis, y probaremos. Si no quieres, probamos más adelante”)
Como todo proceso, el control de esfínteres no es algo lineal, sino que habrá muchos avances y retrocesos. Esto es parte de lo esperable, y lo más importante es que nuestros hijos sepan que los acompañamos en este proceso y lo esperaremos todo lo que haga falta.

En cualquier orden de la vida, el reforzamiento positivo es beneficioso (“qué bien lo hiciste, estoy orgullosa de ti”, “casi llegamos al baño esta vez, la próxima será mejor aún”). Bajo ningún concepto es aceptable que retemos al niño, que lo humillemos, que lo ridiculicemos o comparemos con otros amigos o hermanos que ya han logrado el control de esfínteres. Recordemos que no hay nada que él pueda hacer para controlar. No depende de que se acuerde, de que esté atento, ni de nada de eso. Se debe estar maduro para eso, y humillarlos o pretender acelerar el proceso es tan ridículo e infructuoso como gritarle a una oruga pretendiendo que se convierta en mariposa.

Dobles mensajes

Una pregunta muy frecuente en las mamás que consultan, es quetemen darle un doble mensaje a su hijo si le vuelven a poner el pañal una vez que se lo han quitado. Siempre se puede volver atrás. Los papás consultan atemorizados porque su hijo se ha vuelto “regresivo”. No se puede hablar de regresión en un niño de 2 ó 3 años, porque no se puede regresionar a un lugar del que nunca se ha salido.

Otra preocupación muy común es la de los mensajes contradictorios. Personalmente creo que damos tantos mensajes contradictorios a nuestros hijos todo el tiempo, que en el peor de los casos, este sería uno más. Pero no lo es. El único mensaje debiera ser “Te acompaño, y si ayer pudiste estar sin pañal y hoy lo necesitas, te lo pondré”. Los chicos tienen cosas mucho más interesantes que hacer a esta edad, antes que estar todo el día preocupados en sus pises y cacas.

Es común que lleguen al consultorio chicos con un diagnóstico de enuresis secundaria (que quiere decir que se hacen pis o caca luego de haber adquirido el control de esfínteres), cuando en realidad, indagando, invariablemente son chicos a quienes se les ha “sacado el pañal” demasiado pronto, y nunca han adquirido verdaderamente el control de esfínteres. En estos casos, sin importar la edad de quien consulta, la solución pasa por volver a usar el pañal, por el tiempo que sea necesario, sin vivirlo como algo humillante, como un retroceso o como un castigo, sino simplemente entendiendo que esta función debe terminar de adquirirse, y como adultos, acompañaremos todo el tiempo que haga falta.

Algo comenzará a cambiar cuando dejemos de decir “le saqué la teta, le saqué el pañal, lo saqué de nuestra habitación”, y podamos tener la paciencia suficiente como para esperar a que sean ellos quienes nos indiquen el camino a seguir.

María Paula Cavanna
Lic. en Psicología

 

Estrategias para manejar sus rabietas

 

A los dos años los niños descubren el poder de las rabietas. Han comprobado que esa actitud saca de sus casillas a los mayores y están probando su eficacia. Es decir, son un medio para conseguir un fin.

En esos momentos solo piensan en la rabia que tienen. Incluso puede habérseles olvidado el motivo por el que se inició su enfado. Pero si algo está claro a esta edad es que, aunque no sepan muy bien lo que quieren, seguramente será lo contrario de lo que tienen.

¿Cuándo desaparecerán las rabietas?

Es una etapa pasajera. Con el tiempo, las rabietas se irán mitigando y espaciando cada vez más.
Lo más sorprendente de las rabietas no es la frecuencia (en ocasiones, diaria) o lo pronto que aparecen (a veces, antes de que el niño empiece a hablar). Lo más llamativo es el ímpetu que los pequeños ponen en ellas. Todavía no controlan sus emociones, y tampoco conocen aún la inhibición, así que se emberrinchan a lo grande. Por eso, es bueno que aunque las rabietas no desaparezcan, al menos se reduzcan en intensidad.

A esta edad aún no toleran la frustración y les resulta complicado comprender que no pueden tener siempre lo que quieren. Si además tampoco son capaces de verbalizar lo que desean, el resultado es la fórmula ideal para que tenga lugar la rabieta. Por eso, que estas reacciones desaparezcan no depende solo de que consigan lo que quieren o no. Disminuirán cuando vean que no tienen efectos sobre suspadres, y sobre todo cuando puedan tolerar la frustración y expresar con palabras lo que hasta ahora solo pueden manifestar con pataletas.

¿Qué pueden hacer los padres hasta entonces?

1. Mantenerse firmes

Claro que resulta mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero según los psicólogos, es la estrategia más infalible. Para empezar, porque ayuda a dejarle claro que su rabieta no le llevará a conseguir lo que quiere. Pero es fundamental que el propio padre se crea que controla la situación. Puede que durante un tiempo el niño siga poniéndolas en práctica, pero en la mayoría de los casos se dará cuenta de que la fórmula no le funciona y acabará por dejarla.

2. Explicaciones cortas

Si se intenta explicar a un niño inmerso en un verdadero ataque de enfado por qué es injusta su reacción, lo más probable es que él siga tirado en el suelo llorando y pataleando sin cesar.
La razón es que en esos momentos lo único que escucha es su propio llanto, por lo que es difícil hacernos entender en esas circunstancias. Frases como «no hay caramelos porque acabas de comer» o «si no duermes, mañana estarás cansado para jugar» dichas cuando se va a iniciar la rabieta pueden servir para evitar su enfado. El pequeño las entenderá sin problemas y si aún no está lo suficientemente alterado, pueden disuadirle.

3. No responder con enfado

Responder con una rabieta es una forma de fomentarlas: les estaremos dando la mejor de las excusas para iniciar un pequeño número de enfado en cualquier momento, ya que para los niños sus padres son sus modelos de referencia y les encanta imitar todo lo que hacemos. También es importante no permanecer enfadados con él eternamente. Pasados unos minutos, ya no sabrá por qué papá y mamáfruncen el ceño. Su pataleta ya pasó, y tal vez ni siquiera se acuerda de ella.

4. No prestarse al juego

La mejor forma de luchar contra las rabietas es procurar que no aparezcan. Y para ello conviene anticiparse a posibles problemas. Por ejemplo: uno de los lugares donde suelen darse más rabietas es el supermercado, así que hay que ir prevenidos. Es bueno dejar todo claro antes de entrar: avanzarle que solo se va a comprar leche, pan y huevos, y nada más. Después, una vez dentro, podemos dejar que él participe en la compra cogiendo las cosas que se van a comprar (las más pequeñas, claro) y metiéndolas en la cesta. De esa forma estará distraído y se sentirá útil, lo que evitará otras tentaciones.

5. Elegir entre dos opciones

La mayoría de las veces su enfado vendrá ocasionado por querer algo que no puede tener. De ahí que ayude mucho a evitarlo el dejarle elegir solo entre dos opciones. Si se le pregunta «¿qué quieres de postre?», el abanico de opciones que se abre ante el pequeño es infinito, y no siempre al gusto de los adultos. Sin embargo, si se le da elegir únicamente entre dos opciones, ambas válidas, es más que probable que todo siga en calma. Preguntando «¿quieres un plátano o prefieres un yogur?», se le cierran las opciones posibles sin que él se dé cuenta. Y no tendremos que decirle «no».

6. Intentar que escuche

Una vez que la rabieta ya ha comenzado, el pequeño parece fuera de sí. Para calmarlo y hacerle entender que no puede ser, solo hay una opción: intentar conseguir que salga de ese estado y hacer que nosescuche. Para ello, papá o mamá pueden arrodillarse frente a él, cogerlo por los hombros con firmeza y mirarlo hasta que él fije sus ojos en los del adulto. Entonces será el momento de hablarle con calma.

7. En vez de un no, dos síes

Muchas veces las rabietas son muestras de rebeldía. Por eso es frecuente que cada vez que se le diga que no haga algo, él intente hacerlo. Pero si tras un «no» vienen dos «síes», la cosa cambia. Se le estáprohibiendo una cosa, pero permitiendo otras dos. Así, si después de decirle que no puede pintar en la pared se le explica que sí puede pintar en la cartulina o jugar en el parque, es posible que su rebeldía se aplaque.

8. Cambiar de escenario

En ocasiones, ni ellos mismos sabrán cómo terminar con su propia pataleta. Es beneficioso cambiar de lugar: salir con ellos en brazos del espacio en el que se encuentran e ir a otro más abierto. A la vez el paseo puede distraer su atención y hacer que se centre en otra cosa.

9. Así no se habla

Hay que advertirle de que solo le escucharemos cuando hable en un tono normal, sin gritos ni llantos, porque de otra forma es imposible entenderle. Es una buena técnica explicarle que cuando llora así nadie puede escucharle, por lo que no sabemos lo que quiere.

10. Dejar que se calme solo

Los niños también tienen derecho a desahogarse, por lo que a veces es incluso positivo que pasen por una rabieta. Cuando está inmerso en un ataque de furia, se le puede decir: «Pues sí que estás enfadado, avísame cuando se te pase», y acto seguido alejarse un poco de él. Será consciente de que nos preocupamos por lo que le pasa y de que no conseguirá nada poniéndose así.

Autora: Beatriz González
Asesores: María Asunción Pérez, psicóloga del centro Avance Psicólogos; “Las Pataletas”, de Michelle Kennedy (Editorial Océano Ambar).

 

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